14 / El día que fuí parte del cine
Más de mil y una palabras… El día que fuí parte del cine CC BY-NC-ND Texto y fotografías / René Vázquez Los acordes de la herencia Todo comenzó décadas atrás por la audacia de mi padre, quien, siendo apenas un niño en Mérida, siguió los cantos de sirena de una orquesta capitalina y se marchó a la Ciudad de México. Aunque al bajar del camión lo dejaron a su suerte, el desamparo lo obligó a espabilarse. Con los años, se mimetizó con el vibrante ambiente artístico de la época. Tuvo cómplices entrañables y hasta participó en sketches cómicos para el cine al lado de Alfonso Zayas «Pomponio», antes de que sus caminos se bifurcaran. Mientras su amigo formaba la célebre pareja de Pomponio y Kíkaro, mi padre siguió otra ruta. Como buen yucateco, llevaba la música en la sangre y componía canciones; algunos de sus temas llegaron a quedar grabados en aquellos viejos y pesados discos de acetato de 78 revoluciones por minuto por sus íntimos amigos de juventud, directores de orquest...